Sobre “ADIEU JE T’AIME a film by Inés García” y “Tempo di Adagio” de Inés García

Varias son las consideraciones que merecen ser elucubradas a partir del trabajo que Inés García lleva desarrollando desde hace un par de años. La primera de ellas aparece enunciada en una de las diapositivas que conforman la instalación “Adieu, Je t’aime”. Es un credito que nos dice: un film de Inés García. Este mensaje revierte sobre el dispositivo y establece una premisa que tal vez no habíamos considerado en una aproximación solo incidental. Lo cierto es que Inés ha trabajado desde el cine, con la voluntad además de no quedarse en la cuestión referencial. Es decir, ha “asumido” el formato cine. De lo que se trata entonces es de “hacer cine”. O casi diría mejor de “participar del cine”. Puesto que el cine es mucho más que un mero dispositivo. O una industria. El cine es sobre todo un potencial de reactivación simbólica de las imágenes, ergo, un conflicto. Una memoria extraña, anómala, esto es, a diferencia de otras memorias, esta que constituye el cine posee a la par las licuosas y serpertinas propiedades del recuerdo. Se ofrece en un continuum líquido. Urge en cambio en su práctica de algo más que una simple recolección de imágenes. Hay que mirar en varios tiempos.

Y es aquí donde amanece la segunda consideración. Inés García pone en escena una violencia conducida a través de multiples cuerpos. Se observa la sexualidad a modo de palestra. Resuena entonces la frase de Brecht en “Santa Juana de los Mataderos”, “solo la violencia ayuda allí donde la violencia reina”. Podríase inferir de “Adieu, Je t’aime” una historia donde lo propio es subyugado terriblemente por aquello “otro”, inexorablemente externo y ajeno, hasta que el yugo adquiere las proporciones suficientes para convertirse en algo revelador, en toda una fuerza que se rebela.

Podríamos a su vez tratar de poner en relación el montaje que propone la artista con el mundo que nos está tocando vivir. Esta sociedad nuestra obliga a reconsiderar cada pulso de energía invertido en alguien que no sea uno mismo. De ahí la relectura actual que ha cobrado la noción de gasto en Bataille. El escritor francés se interesó especialmente por lo improductivo, es decir, el gasto que se desprende de una practica del derroche de excedentes, al que hiló con un principio de pérdida, la cual debe ser lo más grande posible para que adquiera su verdadero sentido. Y le otorgó función social.

Ahí parece encontrarse el ritmo de la violencia en “Adieu, Je t’aime”. Revela, precisamente, un carácter excremental. Se lanza a reubicar lo emocional en el flujo, en el gasto improductivo. La pérdida, que ya el título refiere con esa despedida, apela al sacrificio (al propio, al ajeno). Las imágenes que discurren funcionan entre sí como animales que se resisten a morir (el jabalí). Atraviesan por tanto la noche, pero el horror de la noche, por muy profunda que sea, aspira al esplendor del sol.

Los cultos exigen una destrucción cruenta de hombres y de animales de sacrificio. El sacrificio no es otra cosa, en el sentido etimológico de la palabra, que la producción de cosas sagradas.

Pablo Marte, 6 de febrero de 2012 

 

ACTOS DE REVERBERACIÓN

Actos de Reverberación es una aproximación al cine desde la imagen bidimensional en donde investigo la narrativa cinematográfica a través de una representación de la mujer y de su intimidad.

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REVERB ACTS

Reverb Acts is an approach to the cinema from the two-dimensional image where I study the mechanisms of the narrative language through the representation of women and their intimacy.